Beneficios del agua de mar para la salud

by Sonsoles Cantera  - marzo 14, 2025

Imagina un remedio directamente extraído del océano, cargado de minerales e historia. Desde la antigüedad, civilizaciones han utilizado el agua de mar con fines curativos; incluso en la antigua Grecia, las escuelas hipocráticas empleaban terapias con agua marina para sanar A comienzos del siglo XX, el investigador francés René Quinton demostró que diluyendo agua de mar hasta igualar la salinidad de nuestro plasma sanguíneo podía obtenerse un “plasma marino” con el que llegó a curar a miles de personas en tiempos previos a los antibióticos. Hoy, la ciencia moderna vuelve la mirada a este recurso natural para explorar sus múltiples beneficios potenciales.

Composición del agua de mar vs. la sal común

El agua de mar contiene aproximadamente un 3,5% de sales disueltas (unos 35 gramos por litro) . A diferencia de la sal de mesa refinada –que la normativa española define como cloruro sódico (NaCl) en al menos un 97% de su composición (REAL DECRETO 1424/1983, DE 27 DE ABRIL, POR EL QUE SE APRUEBA LA REGLAMENTACION TECNICO-SANITARIA PARA LA OBTENCION, CIRCULACI) (REAL DECRETO 1424/1983, DE 27 DE ABRIL, POR EL QUE SE APRUEBA LA REGLAMENTACION TECNICO-SANITARIA PARA LA OBTENCION, CIRCULACI)– el agua marina es una solución compleja con muchos más componentes. Cerca del 85% de las sales del océano son sodio y cloruro (esencialmente sal común), pero el resto incluye otros minerales importantes como magnesio, calcio, potasio, bromuros, sulfatos y numerosos oligoelementos en cantidades traza (5.3 Salinity Patterns – Introduction to Oceanography) (5.3 Salinity Patterns – Introduction to Oceanography). De hecho, en el agua de mar se han detectado hasta 78 elementos químicos diferentes en forma biodisponible, lo que significa que aporta una gama de micronutrientes que la sal refinada común no posee. Esta riqueza en minerales convierte al agua de mar en un suero natural: un líquido cuya composición se parece notablemente a la del medio interno del cuerpo humano. Mientras que la sal de mesa suele ser un producto purificado (a veces enriquecido con yodo u otros aditivos), el agua de mar es un cóctel mineral sin procesar, con todos los elementos de la sal marina original.

La salinidad como depurador natural

La elevada salinidad del agua marina no solo aporta sabor salado; también le confiere un poder depurativo natural. Ingerida adecuadamente, el agua de mar puede actuar como un suave purgante del organismo. Por ejemplo, cuando se toma agua de mar hipertónica (sin diluir) en cantidades generosas, suele tener un efecto laxante casi inmediato. Esta acción osmótica arrastra líquidos hacia el intestino, estimulando el movimiento peristáltico y promoviendo el vaciado intestinal . En otras palabras, funciona como una “escoba” fisiológica que ayuda a eliminar toxinas, residuos y deshechos acumulados del tracto digestivo. Muchos defensores de las terapias depurativas aseguran que una dosis controlada de agua de mar en ayunas puede limpiar el colon de impurezas y antiguas materias fecales desintoxicando el organismo de forma natural. Sin embargo, es importante recordar que la dosis hace al remedio: consumir en exceso agua de mar sin diluir no es recomendable, pues un abuso podría causar deshidratación o desequilibrios electrolíticos. Usada con moderación, la salinidad marina brinda un efecto depurativo beneficioso, ayudando al cuerpo a renovarse desde adentro al eliminar aquello que no necesita.

Regulaciones oficiales sobre la sal y el sodio

La comercialización de sal para consumo está estrictamente regulada para proteger la salud pública. En España, el Boletín Oficial del Estado (BOE) recoge en el Real Decreto 1424/1983 las normas sobre la elaboración y venta de sal comestible. Según esta reglamentación técnico-sanitaria, la sal de mesa debe consistir principalmente en cloruro sódico: “El contenido de cloruro sódico no debe ser inferior al 97% de la materia seca” (REAL DECRETO 1424/1983, DE 27 DE ABRIL, POR EL QUE SE APRUEBA LA REGLAMENTACION TECNICO-SANITARIA PARA LA OBTENCION, CIRCULACI). Esto significa que la sal común refinada es casi pura en sodio, con muy pocas impurezas o minerales adicionales. Asimismo, la ley permite solo trazas de otros compuestos: por ejemplo, ciertas sales magnésicas hasta un 2% en sal destinada a salazones (REAL DECRETO 1424/1983, DE 27 DE ABRIL, POR EL QUE SE APRUEBA LA REGLAMENTACION TECNICO-SANITARIA PARA LA OBTENCION, CIRCULACI), o la adición controlada de yodo en la sal yodada. Estas regulaciones garantizan que la sal que llega a nuestras mesas tenga una composición uniforme y segura, evitando excesos de contaminantes o un contenido impredecible de sodio. Además, establecen requisitos de etiquetado y pureza para que el consumidor esté informado. En contraste, el agua de mar para uso alimentario (que algunas empresas envasan y venden como suplemento) no se rige por exactamente las mismas normas que la sal sólida. Es interesante notar que, a diferencia de la sal refinada cuyo contenido en sodio es altísimo, el agua de mar aportada en pequeñas dosis ofrece sodio junto con otros minerales en equilibrio natural, lo que puede resultar más favorable para el organismo que añadir solo sal común a la dieta.

Beneficios terapéuticos del agua de mar

Hidratación y equilibrio de electrolitos

A pesar de su sabor salado, el agua de mar –cuando se consume de forma isotónica (diluida)– puede ser una gran aliada para la hidratación. Durante el ejercicio intenso o en climas calurosos perdemos no solo agua, sino también electrolitos vitales a través del sudor, especialmente sodio. Beber únicamente agua fresca en esas situaciones puede diluir demasiado el nivel de sodio en el cuerpo, provocando desequilibrios. En cambio, una bebida enriquecida con sales marinas repone ese sodio y otros minerales, ayudando a mantener el balance de líquidos correcto dentro y fuera de las células. Los expertos señalan que el sodio es el electrolito clave para una rehidratación eficaz, ya que permite que el cuerpo retenga el agua ingerida y previene problemas como la hiponatremia (sodio demasiado bajo). El agua de mar, al contener sodio de forma natural junto con cloruro, cumple esa función. Pero además aporta otros electrolitos perdidos en la transpiración: magnesio, potasio, calcio, etc. En eventos de resistencia se ha comprobado que una bebida con estas sales contribuye a sostener el rendimiento, pues repone lo que el cuerpo exuda y mantiene la función neuromuscular en equilibrio (The Effects of Acute Deep Seawater Supplementation on Muscle Function after Triathlon). En resumen, consumir agua de mar correctamente diluida rehidrata de forma más completa que solo agua pura, porque no solo devuelve el líquido sino también los minerales que el cuerpo necesita para absorberlo y utilizarlo. Es como darle al organismo un suero oral natural: apaga la sed y nutre a la vez.

Metabolismo y equilibrio ácido-base

El aporte mineral del agua de mar tiene efectos positivos más allá de la hidratación inmediata, influyendo en el metabolismo general del cuerpo. Aunque parezca paradójico por su sabor salado, el agua de mar ejerce un efecto alcalinizante en el organismo. Esto significa que ayuda a contrarrestar la acidez excesiva, promoviendo un equilibrio saludable del pH sanguíneo. Un pH equilibrado es crucial para el metabolismo celular óptimo; cuando el cuerpo está menos ácido (es decir, más alcalino dentro de rangos normales), las reacciones bioquímicas ocurren de forma más eficiente y se reduce el riesgo de procesos inflamatorios asociados a la acidosis metabólica. Además, el magnesio presente en el agua de mar juega un papel destacado en el metabolismo energético. El magnesio es cofactor de numerosas enzimas metabólicas; gracias a su alto contenido en magnesio (especialmente si se toma agua de mar hipertónica concentrada), se favorece un metabolismo energético normal, apoyando la producción de energía en las células. Esto se traduce en más vitalidad y menor sensación de agotamiento: muchos usuarios reportan que beber pequeñas dosis de agua marina les ayuda a combatir el cansancio crónico. En efecto, el magnesio marino contribuye a reducir la fatiga y a optimizar la síntesis de proteínas y la función muscular, lo cual está íntimamente ligado a un metabolismo saludable. En conjunto, incorporar agua de mar a la dieta en cantidades moderadas puede nutrir el terreno bioquímico de nuestro cuerpo, proporcionando minerales alcalinos que respaldan un metabolismo equilibrado y eficiente.

Salud digestiva

El sistema digestivo es otro gran beneficiado del consumo responsable de agua de mar. Por un lado, el agua de mar actúa como un tónico digestivo natural: al tomarla en forma isotónica (diluida a la concentración de los fluidos corporales), estimula la secreción de jugos gástricos y enzimas, mejorando la digestión de los alimentos. Estudios sugieren que el agua de mar favorece la producción de ácido clorhídrico en el estómago, lo cual es esencial para descomponer adecuadamente las proteínas y para una buena absorción de nutrientes. Muchas personas con digestiones pesadas o acidez estomacal encuentran alivio al consumir pequeñas dosis de agua de mar antes de las comidas, ya que ayuda a equilibrar la acidez de forma natural y a preparar el estómago para el proceso digestivo. Por otro lado, como mencionamos, el agua de mar sin diluir en dosis más altas tiene un efecto laxante que puede aliviar el estreñimiento ocasional. Al estimular los movimientos peristálticos del intestino, facilita la evacuación y descongestiona el tracto digestivo de residuos. Esto no solo brinda comodidad, sino que también contribuye a una mejor salud colónica a largo plazo, evitando la acumulación de desechos. Incluso en la boca y encías, hacer gárgaras o enjuagues con agua de mar actúa como un antiséptico natural, ayudando a sanar llagas y a combatir infecciones leves gracias a su contenido en sales que inhiben bacterias. En suma, el agua de mar puede regular y limpiar todo el sistema digestivo, desde la boca hasta el intestino, apoyando tanto una digestión eficiente como la eliminación de lo que el cuerpo no necesita.

Recuperación muscular y rendimiento físico

Para atletas y personas activas, el agua de mar puede ser un suplemento interesante en la recuperación muscular. La combinación de minerales que aporta resulta idónea para reponer los electrolitos tras el ejercicio y facilitar los procesos de reparación en los músculos fatigados. De hecho, investigaciones modernas han empezado a constatar lo que muchos deportistas intuían: el consumo de agua de mar acelera la recuperación post-ejercicio. Un estudio científico halló que ingerir agua de mar profunda (rica en minerales y desalinizada para beber) tras un triatlón ayudó a preservar mejor la función muscular en comparación con solo agua. Una revisión sistemática de varios ensayos indicó que la ingesta de agua marina puede mejorar la recuperación funcional de los músculos después del ejercicio intenso . Por ejemplo, en un experimento, participantes que bebieron agua de mar mineralizada recuperaron más rápidamente su potencia de piernas y capacidad aeróbica que aquellos que bebieron agua corriente. Estos efectos se atribuyen a que el agua de mar repone no solo el líquido perdido, sino también sodio, magnesio, potasio y calcio, minerales fundamentales para la contracción muscular y la comunicación nerviosa . Así, se previene el desequilibrio electrolítico que causa calambres o debilidad, y se proporcionan los elementos que las fibras musculares necesitan para repararse. Además, el magnesio marino contribuye a reducir el cansancio y la sensación de fatiga muscular , mientras que el potasio y el calcio apoyan la recuperación del ritmo cardíaco y la función contráctil normal. Por todo ello, para quien entrena duro, hidratarse con agua de mar diluida puede marcar la diferencia: es como darle a los músculos un baño mineral interno que los renueva y fortalece más rápido, ayudándote a volver a tu mejor versión física en menos tiempo.

Salud cardiovascular y presión arterial

Cuidar del corazón y las arterias es otra de las promesas que trae consigo el agua de mar en su composición única. Aunque pudiera parecer contraintuitivo por su contenido en sodio, los estudios sugieren que el agua de mar rica en minerales puede beneficiar la salud cardiovascular de formas sorprendentes. El secreto está en el equilibrio mineral: el agua oceánica aporta magnesio, calcio, potasio y otros iones que, en conjunto, ejercen un efecto protector sobre el sistema circulatorio (Deep-Sea Water Improves Cardiovascular Hemodynamics in Kurosawa and Kusanagi-Hypercholesterolemic (KHC) Rabbits). Estas sales minerales se han asociado con la prevención de enfermedades cardiovasculares, ayudando a mantener vasos sanguíneos y corazón en buen estado. En modelos experimentales, por ejemplo, se observó que animales hipertensos que bebieron agua de mar profunda durante varias semanas redujeron su presión arterial de forma significativa respecto a los que bebieron agua normal . En conejos con colesterol alto, el consumo prolongado de agua oceánica produjo tensiones arteriales más bajas y menor resistencia vascular periférica al cabo de unos meses. Lo interesante es que, pese a contener sodio, esta agua mineralizada no elevó la presión; al contrario, la presencia abundante de magnesio en ella pareció contrarrestar el efecto hipertensivo del sodio. El magnesio ayuda a relajar las paredes de los vasos sanguíneos y favorece la eliminación de sodio por los riñones (efecto natriurético), lo que contribuye a mantener la tensión en rangos saludables . Asimismo, el potasio del agua de mar apoya la función cardíaca adecuada y evita arritmias, y el calcio interviene en la correcta contracción cardíaca (The Effects of Acute Deep Seawater Supplementation on Muscle Function after Triathlon). En conjunto, estos minerales marinos crean un cóctel cardioprotector: pueden mejorar la hemodinámica cardiovascular, es decir, la circulación y la presión, y hasta se ha visto que podrían suprimir ciertos marcadores que favorecen la formación de coágulos sanguíneos. Por supuesto, esto no significa que debamos beber agua de mar sin control para bajar la presión –las personas con hipertensión deben seguir las indicaciones médicas–, pero sí apunta a que en cantidades moderadas el agua de mar apoya al corazón. Su consumo responsable podría contribuir a una presión arterial más equilibrada y a arterias más flexibles, integrándose como complemento a un estilo de vida cardiosaludable.

Salud de la piel

El poder curativo del agua de mar también se extiende a la piel, nuestro órgano más extenso. Cualquiera que haya nadado en el mar con una pequeña herida habrá notado su efecto: escuece un poco al principio, pero luego la lesión parece secarse y sanar más rápido. En efecto, el agua de mar actúa como un antiséptico natural sobre la piel, ayudando a limpiar cortes y raspones, prevenir infecciones y acelerar la cicatrización de las heridas . Sus sales eliminan bacterias y crean un ambiente menos propicio para que proliferen microbios en la superficie cutánea. Pero más allá de las heridas, sumergirse en aguas marinas o aplicarlas en la piel puede beneficiar a diversas afecciones dermatológicas. Estudios clínicos han demostrado que los baños en aguas salinas (como las del Mar Muerto, extremadamente ricas en minerales) tienen un efecto antiinflamatorio en enfermedades crónicas de la piel como la psoriasis y la dermatitis atópica (The Biological Role of Dead Sea Water in Skin Health: A Review). La alta concentración de magnesio y otros iones parece reducir la inflamación y descamación características de estas dolencias, proporcionando alivio a los pacientes. Incluso sin irnos a casos extremos, en la playa mucha gente experimenta que las erupciones cutáneas o el acné mejoran tras unos días de baños de mar y sol moderado, gracias a la acción combinada del agua salada (que limpia y desinfecta) y el ambiente marino. Asimismo, el agua de mar se usa en forma de aerosoles dermatológicos para problemas como eczema, ya que sus oligoelementos favorecen la regeneración de la epidermis y equilibran el pH cutáneo. También es un exfoliante natural: al secarse sobre la piel deja diminutos cristales de sal que, con un suave masaje, ayudan a remover células muertas, dejando la piel más suave y tersa. En resumen, el contacto con el agua de mar nutre y sana la piel: limpia impurezas, reduce la inflamación y estimula la renovación celular, revelando una piel más saludable.

Fortalecimiento del sistema inmunológico

El medio interno de nuestro organismo –la sangre, la linfa y los fluidos que bañan nuestras células– tiene una composición mineral que guarda paralelismos con el agua de mar. Por eso, cuando aportamos agua marina a nuestro cuerpo en pequeñas dosis, ayudamos a restaurar ese equilibrio mineral interno, lo cual repercute en todos los sistemas, incluido el sistema inmunológico. Una hipótesis respaldada por estudios de nutrigenética sugiere que las células del cuerpo funcionan mejor cuando se hallan en un entorno químico óptimo, con los niveles adecuados de cada ion. El agua de mar actúa aquí como un regulador holístico: gracias a su completa gama de minerales y oligoelementos, contribuye a reestablecer la homeostasis (el equilibrio estable) del medio interno, y en consecuencia modula positivamente los biomarcadores del sistema inmune. ¿Qué significa esto? Que un organismo bien mineralizado y en equilibrio tiende a tener respuestas inmunes más eficientes y controladas. Por ejemplo, se ha observado en investigación que ciertas preparaciones de agua de mar pueden influir en la producción de citocinas (proteínas mensajeras del sistema inmunitario) durante el ejercicio, indicando una respuesta inflamatoria modulada que podría ayudar en la recuperación (Seawater Hydration Modulates IL-6 and Apelin Production during …). Además, algunos oligoelementos presentes en trazas en el agua marina –como el zinc, el selenio o el yodo– son conocidos por su papel en la función inmune: el zinc ayuda a las defensas contra infecciones, el selenio tiene propiedades antioxidantes que protegen a las células inmunitarias, y el yodo es esencial para la producción de hormonas tiroideas que regulan el metabolismo e indirectamente la inmunidad. Aunque estos elementos están en bajas concentraciones, su biodisponibilidad en el agua de mar microfiltrada podría colaborar a paliar pequeñas deficiencias nutricionales, fortaleciendo las defensas del organismo a largo plazo. En términos simples, beber agua de mar (siempre de forma controlada) “nutre” el sistema inmunológico, proporcionándole las herramientas minerales para que nuestro cuerpo se defienda mejor de las enfermedades. Muchos usuarios de terapias marinas reportan ponerse menos enfermos tras incorporar agua de mar a su rutina, atribuyéndolo a ese refuerzo inmunitario natural. Si bien la investigación en este campo continúa, el potencial del agua oceánica para armonizar nuestras defensas resulta inspirador: es como si al consumir un poco de mar, despertáramos la energía vital que nuestras células necesitan para protegernos.

Formas de consumo y recomendaciones de uso terapéutico

Después de conocer sus beneficios, cabe preguntarse: ¿cómo se debe consumir el agua de mar de forma segura y eficaz? Ante todo, es importante destacar que no se debe beber agua de mar directamente como si fuera agua dulce. Su concentración salina cuadriplica la de nuestros fluidos corporales. La clave está en la preparación y la dosis. Estas son las formas recomendadas de usar el agua de mar terapéuticamente:

  • Agua de mar isotónica (diluida): Es la forma más aconsejable para beber. Se obtiene mezclando 1 parte de agua de mar con 3 partes de agua potable (por ejemplo, 250 ml de agua de mar en 750 ml de agua mineral), hasta lograr una concentración aproximada de 9 gramos de sales por litro). Esta salinidad es prácticamente igual a la del plasma humano, por lo que el líquido resultante es biocompatible. El agua de mar isotónica ya preparada se puede encontrar embotellada, incluso en presentaciones con un toque de sabor cítrico para hacerla más agradable . Al beberla, actúa como un nutriente rehidratante: remineraliza el cuerpo sin irritar. Se recomienda tomarla en pequeños sorbos, repartidos a lo largo del día , en lugar de vasos grandes de una vez, para que el organismo la vaya absorbiendo gradualmente y se evite cualquier efecto laxante por acumular demasiada sal en el intestino de golpe .
  • Agua de mar hipertónica (pura): Es el agua de mar tal cual, sin diluir, con toda su concentración (~36 g/L de sales). Esta presentación no es para beber en grandes volúmenes, pero tiene sus usos. Consumida en dosis muy pequeñas (por ejemplo, ampolletas de 10 ml) puede tomarse en ayunas por la mañana a modo de limpiador intestinal, aprovechando su efecto purgante suave . También se usa el agua de mar hipertónica de forma externa: es excelente para gargarismos o enjuagues bucales que desinfectan la garganta y encías, para lavados nasales que alivian congestión (como las soluciones salinas comerciales), para limpiar heridas superficiales o incluso para baños de pies relajantes. Asimismo, en la cocina puede emplearse agua de mar pura en sustitución de la sal común: por ejemplo, añadiendo un chorrito al agua de cocción de pasta, arroz o sopas, o usándola para conservar y descongelar pescados y mariscos de forma natural. De esta manera se sazona con todos sus minerales y se evitan los aditivos de la sal procesada.
  • Dosis y frecuencia: Como reconstituyente diario, no hace falta gran cantidad. Estudios y expertos sugieren que entre 30 y 50 ml al día de agua de mar (diluida) son suficientes para obtener sus beneficios . Esto equivale a unos pocos sorbos repartidos en la jornada. Dosis mayores no aportan mucho más y podrían provocar diarrea en personas sensibles. Se suele citar un máximo de 500 ml diarios de agua de mar isotónica como tolerancia alta, pero esta cantidad es más de lo que la mayoría necesitaría (medio litro diario). En situaciones puntuales, como recuperación tras deporte extremo o fatiga intensa, algunos terapeutas recetan un vaso de agua de mar isotónica adicional. Cada persona es distinta, así que lo ideal es empezar por dosis bajas (por ejemplo 20 ml/día) y observar cómo sienta, para luego aumentar gradualmente si se desea.
  • Calidad y seguridad: No todas las aguas de mar son iguales. Si decides consumir agua marina, asegúrate de que provenga de un entorno limpio. Las empresas especializadas recolectan el agua en zonas oceánicas alejadas, a cierta profundidad, donde la pureza es mayor . Después la someten a microfiltrado en frío y esterilización para eliminar bacterias y posibles contaminantes, sin alterar su composición mineral.
  • Mezclas y sabor: El sabor salado del agua de mar puede ser intenso para algunos paladares. Una buena estrategia es mezclarla con jugo natural de limón, naranja u otras frutas cítricas, o con infusiones frías, de modo que los sabores se compensen ). También se puede añadir unas hojas de menta o jengibre para mejorar el gusto. De esta manera, se disfruta como una bebida refrescante y no resulta monótono tomarla a diario (.
  • Precauciones individuales: En general, beber agua de mar isotónica es seguro. Si nunca la has tomado, es sensato comenzar con pequeñas cantidades para verificar que tu cuerpo la tolera bien ). Observa tu reacción: en algunas personas muy sensibles puede causar un ligero efecto laxante al inicio; si es tu caso, reduce la dosis o espáciala más en el tiempo para que el organismo se acostumbre . Y, por supuesto, ante cualquier duda, busca la orientación de un profesional de la salud.

En conclusión, el agua de mar –ese regalo azul que nos brinda la naturaleza– se perfila como mucho más que una simple salmuera. Es un elixir mineral completo que, usado de manera consciente, puede hidratar, nutrir y depurar nuestro organismo de formas que la ciencia apenas comienza a entender del todo. Su composición única la hace comparable a un suero de la vida, capaz de reponer electrolitos, apoyar funciones vitales como el metabolismo y la digestión, acelerar la recuperación muscular, proteger el corazón, embellecer la piel y reforzar nuestras defensas. Todo ello, contenido en cada gota salada que viene del mar. Con un lenguaje sencillo pero poderoso, el océano nos susurra que en sus aguas hay salud y bienestar esperando por nosotros. Solo queda acercarnos con respeto –y las precauciones debidas– a beber de esta fuente primigenia, permitiendo que la sabiduría del mar inspire y revitalice cada una de nuestras células . Al fin y al cabo, somos agua de mar caminando en la tierra. ¡Salud!

Fuentes: Estudios y publicaciones sobre agua de mar y salud (The Effects of Acute Deep Seawater Supplementation on Muscle Function after Triathlon) (Deep-Sea Water Improves Cardiovascular Hemodynamics in Kurosawa and Kusanagi-Hypercholesterolemic (KHC) Rabbits) ( Potential Health Benefits of Deep Sea Water: A Review – PMC ) (5.3 Salinity Patterns – Introduction to Oceanography), normativa española sobre sal (REAL DECRETO 1424/1983, DE 27 DE ABRIL, POR EL QUE SE APRUEBA LA REGLAMENTACION TECNICO-SANITARIA PARA LA OBTENCION, CIRCULACI), blogs especializados y textos divulgativos de instituciones de salud (¿Qué beneficios tiene el agua de mar? -Blogs MAPFRE) (¿Qué beneficios tiene el agua de mar? -Blogs MAPFRE), entre otros.

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